Debido a la abundante cantidad de trabajo hecho en Photoshop que circula diariamente y que nos llega a través de links de amigos y reenvios masivos, pocas cosas que se nos cruzan por los ojos logran de verdad captar nuestra atención. O mejor dicho, no. En realidad casi todo nos sorprende y nos impresiona, pero de algún modo sabemos qué esperar: rangos de color amplios, montajes imperceptibles, blendings, collages, abstracciones impensables, saturaciones, multyplays, overlays, y muchos etcéteras posibles gracias a la gran versatilidad que hoy en día permite la captura y, sobre todo, la postproducción digital fotográfica.
Cuando se trata de esas imágenes, generalmente con sobrepeso de bites, el espectador sabe a qué atenerse. Es decir, todos sabemos que un resultado así no pudo haber sido posible sin que la imagen original, o las muchas imágenes originales que intervinieron en la composición, hayán sido procesadas a través de un computador. No significa que el espectador no aprecie su complejidad estética y técnica, pero de algún modo sabe dónde está el truco. Pero qué pasa cuando nos encontramos con imágenes que nos atraen y nos embelesan, que en apariencia no han sido manipuladas, y sin embargo sabemos que hay algo particular en ellas y nos preguntamos ¿cómo lo han hecho?
Un ejemplo de esto es el fabuloso trabajo del italiano Olivio Barbiere, que consiste en simular fotografías en miniatura partiendo de imágenes de escenarios a escala real. Básicamente lo que se obtiene al observar el trabajo de Barbieri es la sensación de estar mirando una maqueta a través de un lente macro. Gran parte de su trabajo, sin embargo, no es hecho con la ayuda de ningún software sino con una vieja téncica de trucamiento óptico llamada Tilt-Shift, que consiste en modificar el angulo del lente y el centro focal de la cámara respecto al sujeto fotografiado, con el fin de producir un desenfoque gradual que simule poca profundidad de campo.
La técnica se ha popularizado bastante, e inclusive ha sido aplicada al video, lo cual supone un reto técnico aún mayor. Hoy en día, sin embargo, la gran mayoria de los trabajos no se hacen por medio de recursos ópticos sino con la aplicación de varios niveles de blur en Photoshop, lo cual rinde el mismo efecto: la sensación de maquetismo.
En términos simples, sobre una fotografía cualquiera (preferíblemente una panorámica, un objeto situado horizontalmente, o en perspectiva hacia el punto de fuga) se aplican cantidades descendentes de blur -partiendo desde los bordes superior e inferior- hasta conseguir una sola franja media de imagen en foco, que será el punto focal. El efecto se refuerza saturando el color y aumentando el contraste, para conseguir una textura más plástica. El trabajo de desenfoque debe ser minucioso y preciso, pues el ojo, aunque no es difícil de engañar, insiste en buscar pistas que lo reorienten. Y a nadie le gusta darse cuenta dónde está el truco.

